Javier Aquilué. Bric-à-brac

21 de diciembre, 2020_20 de febrero, 2021

El término francés bric-à-brac alude a las composiciones de objetos heterogéneos tan de moda en los hogares burgueses del siglo XIX, y que todavía hoy perduran en vitrinas y repisas de muchos domicilios. Al militar, arqueólogo, etnógrafo y coleccionista Augustus Henry Lane Fox Pitt Rivers se debe el conocimiento de las extraordinarias posibilidades de los objetos rituales y cotidianos, cuando puso en práctica en el Pitt Rivers Museum de Oxford, fundado en 1884, un nuevo sistema de clasificación según sus formas y usos con el propósito de desvelar las transformaciones que acompañan a los distintos modos de pensar, sentir y ver. Algo así, anota Alberto Santamaría, como  un museo hiperbático, que al alterar los órdenes establecidos muestra la capacidad de las imágenes para predecir el pasado. Y aclara: no de cómo fue el pasado, sino de establecer un diálogo desde nuestro presente con el tiempo al que pertenecieron los objetos ya que estos, creía Pitt Rivers, retienen atisbos de las miradas del pasado. No resulta extraño que esta idea y el principio de clasificación suscitaran el interés de antropólogos, arqueólogos e historiadores del arte como Aby Warburg. Y sigan activos, de alguna manera, en la elección del término bric-à-brac para nominar la exposición individual de Javier Aquilué (Huesca, 1978) en La Casa Amarilla: la heterogeneidad de imágenes desgajadas de un continuo narrativo, abiertas a continuos desajustes, desequilibrios y vulnerabilidades, y dotadas de enorme potencial alegórico, son algunas de las ideas clave que articulan su trabajo.

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