Charo Pradas
Fijar vértigos
Espacio La 2 – Noviembre, 2024
El relato de Paolo Uccello que Marcel Schwob escribió en sus Vies imaginaires (1896) siempre ha fascinado a Charo Pradas. Al contrario de Giorgio Vasari, que nunca entendió el tiempo que Uccello perdía en “las cosas de la perspectiva”, tan extravagantes que le hacían abandonar lo cierto por lo incierto, Schwob tuvo claro que a Paolo di Dono, llamado Paolo Uccello o Pablo Pájaros, por la cantidad de figuras de pájaros pintados que llenaban su casa, no le importaba nada la realidad de las cosas, de ahí que atendiera más “a su multiplicidad y a lo infinito de las líneas”. Schwob cuenta mucho sobre Uccello: que pintó campos azules y ciudades rojas; la llamada que le hizo Donatello: “¡Ah! ¡Paolo, descuidas la sustancia por la sombra!”; o que, como alquimista encorvado, “volcaba todas las formas en el crisol de las formas. Las reunía, las combinaba y las fundía, a fin de obtener su transmutación en la forma simple de la que dependen todas las demás”. El “Pájaro” murió de inanición. “Tenía el rostro lleno de arrugas. Sus ojos se clavaban en el misterio revelado. En su mano rígidamente cerrada guardaba un pequeño rollo de pergamino cubierto de entrelazamientos que iban del centro a la circunferencia y que volvían de la circunferencia al centro”. El relato de Schwob fascinó a Antonin Artaud que escribió dos textos sobre Uccello: “Uccello le poil” y “Paul les Oiseaux”. En el primero leemos: “Estrangulado el mundo, y suspendido, eternamente vacilante sobre las llanuras de esta mesa plana donde tú inclinas tu cabeza pesada. Y a tu lado cuando interrogas los rostros, qué ves sino una circulación de ramificaciones, un emparrado de venas, la huella minúscula de una arruga, el ramaje de un mar de caballos. Todo es giratorio, todo vibrátil, y qué vale el ojo desprovisto de sus pestañas”. André Breton supo de Uccello por Artaud y lo nombró el primero y más antiguo de los pintores próximos al Surrealismo.
En 2001 Charo Pradas realizó una serie de esculturas, afines a sus investigaciones pictóricas, con madejas de lana de diferentes colores en cuyo interior se alojan pequeños objetos circulares -canicas, piedras, cerámicas…- depositarios del vértigo cósmico donde es posible asistir al lado oculto de las cosas.
La valoración del espacio enérgico, dinámico, aéreo y pulsante, que decía Fernando Huici a propósito de la obra de Charo Pradas, generador de resonancias y ecos hipnóticos, de insólitos engranajes afuncionales en permanente tensión, como observó Enrique Juncosa, es uno de los rasgos que definen la obra de la artista. Junto a las pinturas y dibujos, las esculturas, menos conocidas y casi secretas, y, quizás por ello, reveladoras del impulso que motiva su inquietud por explorar en las profundidades. [Chus Tudelilla]
Imagen:
Diadoras, 2001
Madejas de lana